domingo, 29 de diciembre de 2013

Día 2

Es curioso: Hace unos años, cuando empecé a salir los sábados, quedarse hasta la 1 de la madrugada era catalogado de libertinaje. Y ni hablemos de lo extremadamente malote que podrías resultar cuando pasabas de tomarte una copa entre dos, al todopoderoso "Malibú-Piña". 
Por ese entonces, todos a mi alrededor me parecían unos puretas aunque tuvieran 3 años más que yo.


Y tras pasar por la empalagosa etapa del Malibú-Piña, de la macabra Vodka-Naranja, y por la reveladora Beefeater-7up; me doy cuenta de que ahora la pureta soy yo. 
O peor: Soy demasiado mayor para seguir frecuentando locales que ahora están infestados de adolescentes; y aún soy excesivamente joven como para poder encontrarme a mi madre en uno de esos bares nocturnos.

He llegado a esta conclusión mientras me metía en la cama antes de que el reloj dieran las 3, tras pasar un sábado de cena (sin ser ésta en ningún McDonald's o sucedáneo) y aborreciendo estar en la calle si persistía esa lluvia intermitente.

Eso sí, como en los viejos tiempos:

¡Sigo aguantando hasta el cierre!

Aunque he de decir que era más excitante cuando te invitaban a salir de los sitios quitando la música y encendiendo las despiadadas luces; y no como ayer: a golpe de escoba, persiana medio bajada y sillas encima de las mesas.



Me estoy convirtiendo en una vieja prematura... #SufrocomoAlgondi



(A esas marcas citadas en este post: ¡Exijo mi compensación!)



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