lunes, 1 de julio de 2013

Cantábricamente

Cuando parecía que por fin el verano empezaba a asomar el hocico, vuelven las nubes a restarle protagonismo al sol.

La lluvia es el encanto de Asturias.
Sin ella, nada se teñiría de verde. Pero durante estos tres meses, se convierte en la  "espada de Damocles". 
Es como el perejil que se cuela en todas las salsas.


Y eso que la semana anterior, Lorenzo se marcó un pleno.
Por mi parte necesitaba la paz interior que te da la playa, la brisa y el sonido de las olas. 
Mi "yo interno" me pedía a gritos que cambiara los zapatos, por las chanclas; las tardes perdidas viendo la televisión, por ese chiringuito en el paseo marítimo; y el carril por el que se debe circular a 30 km/h, por los pozos en la arena que todo niño hace para conseguir agua.

Tenía antojo de cambiar el Dj de la discoteca, por las orquestas de una fiesta de prao.
De terracear sin pasar frío. De las marcas del bikini, testimonio directo del proceso de bronceado.

Me encantaría cerrar los ojos y volver a esos veranos con olor a ensaladilla rusa y filetes empanados; a la nevera azul; a ese merendero lleno de eucaliptos; al café y el helado de después de comer; a la sombrilla de rayas; a mi madre dejándome la piel blanca al echarme crema porque "luego se va chupando"; a la gorra de publicidad; a la competición de palas; a cambiar el bañador mojado después de un chapuzón; a los paseos; a las meriendas aprovechando los últimos rayos de sol; al cansancio del viaje de vuelta  tras pasar todo el día.

A felicidad. A familia. A tres. A álbumes de fotos



El 21 de Septiembre, os diré qué aroma tiene este verano


1 comentario:

  1. ainssss q cucaaa!!! :D :D Este verano a mi me huele a fraude!!! quiero solll!!! ^^

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