miércoles, 10 de julio de 2013

La brisa y el mar

Llega el verano, las feromonas están en su punto álgido y las parejas salen de la cueva, dispuestos a hacer un trío con Lorenzo.
Y es que, ¿qué mayor prueba de amor que tomar el sol de lo más pegado (y pegajoso), cuando a la sombra el mercurio roza casi los 30º?
Son como las lagartijas, que encuentran en las altas temperaturas su hábitat natural pero éstos, además, tienen un radar especial para localizar solteros, delante de los cuáles, se ofrecen arrumacos y continuos besos sonoros.


Os admiro por vuestro temple al calor. 


No hay piscina que no presuma del mítico grupo de adolescentes imberbes o veinteañeros inmaduros, que se meten al agua y se salpican unos a otros (y de paso, a todos los bañistas).
Se trata del mítico ritual por convertirse en el macho alfa de la manada, que se ve tanto en los documentales como en la parrilla televisiva post-siesta de Telecinco.

Parece ser, que el que gana el liderato elige a su presa.

¡Ay si Félix  Rodríguez de la Fuente levantara la cabeza!


Los que realmente ven en el "astro Rey" un filón, son los que se han pasado todo el invierno encerrados en un gimnasio para esculpirse unos músculos de infarto. 
De infarto para mi, que camuflada tras las gafas de sol, no les quito ojo. Más que nada porque toda obra de arte, debe de ser contemplada.



Ya lo cantanban Sonia&Selena:

"Cuando llega el calor, los chicos se enamoran".

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