Arrancando hojas del calendario como pétalos de margaritas, hemos llegado a Diciembre.
Coleccionando minutos, días y semanas, nos hemos adentrado en su segunda quincena.
¡Me tiembla el pulso al pensar que en dos semanas, el 2013 pasará a la historia!
Es tiempo de sacar la balanza y valorar los 31.536.000 segundos que han pasado fugazmente delante de nuestras narices. De propósitos incumplidos. De familia. De que te "toque El Gordo", y no de que te "manosee uno de 200 Kg". De "montar el Belén", sin ser homólogo de bronca. De comer uvas sin atragantarse. De echar de menos a Ramón García.
De regalos. De Centros Comerciales. De aglomeraciones. De un Señor vestido de rojo que disimuladamente se intenta recolocar la barba, para no robarles la ilusión a los más pequeños (¡Bendita inocencia!).
Diciembre, es sinónimo de consumismo.
Hablando de todo un poco:
Aún me acuerdo de cuando en Nochebuena y Nochevieja se saturaba la línea de teléfono porque todos mandábamos mensajes de texto al mismo tiempo.
Prometo emocionarme, si este año por esas fechas me llega uno: Aunque sea uno de esos de llamadas perdidas. O de publicidad del 1004. O uno en blanco de mi madre, debido a su falta de destreza.
¡SOS A LOS SMS!
Y bueno, no voy a mencionar lo que suponía encontrarse una postal Navideña en el buzón...
Ahora lo que prima, son esos WhatsApp en cadena, cargados de emoticonos.
Es una pena que haya tradiciones que se pierdan con el tiempo...
¿Es necesario tener un "Día Mundial de la Tarjeta de Navidad", para
que vuelva a nuestras vidas? Un poquito de por favor...






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