sábado, 31 de agosto de 2013

Agosto, agotado

No sé qué tiene Agosto, pero nunca ha sido santo de mi devoción.
Quizás sea por el terreno que la luna le va ganando al sol; o por esa brisa ligeramente más fresca que parece que te arranca el bronceado. 
Me atrevería a decir que mi estado anímico se ve mermado, pese al buen tiempo, por el duelo entre la "Nueva Colección" y los últimos coletazos de las "Rebajas". Un combate de boxeo en el que los escaparates de los grandes almacenes, actúan como el cuadrilatero de lucha; y la recaudación de la caja, indica el final de cada round.


Agosto, no me gustas. 
Ni siquiera cuando pasaba la primera quincena de campamento, porque sabía que a la vuelta las tiendas se empaparían del olor que el nuevo curso supone: uniformes, libros y material escolar. 
Cambiando así, los cuadernos Santillana por los corticoles.

Te aborrezco, Agosto.
Incluso durante los veranos como estudiante universitaria. Tú eras mi recuerdo y mi más fiel promesa de que el próximo curso, ni junio ni febrero se me iban a resistir. 
¿Pero qué es la vida sin riesgo?

Pese a todo, este año te recordaré como un Agosto de descensos (el del Sella) y subidas (hasta el séptimo por las escaleras, como parte de mi ejercicio diario); de atardeceres con helado en mano; de piscina y playa; de Marce; de noche de fuegos; de patines; de masajes relajantes; de Champi; de cañas y de todo lo contrario a lo que la operación bikini conlleva. 
Y de noticias que no te podrías imaginar que llegarías a oír, ni mucho menos convivir con ellas.

Adiós Agosto, que te vaya bonito.


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