lunes, 16 de septiembre de 2013

El día "M".

Son las 9 de la mañana del sábado. 
Las legañas aún conquistan mis ojos. Y al ritmo del último bostezo, miro de refilón el móvil: 

¡HOY ES EL DÍA!


Ese día que llevo esperando desde que saqué las entradas, hace casi un mes.
O desde que se confirmó su asistencia en las fiestas mateínas. 
O incluso, desde que lo vi por primera vez marcar pómulos, lucir cazadoras Balmain combinadas con pitillos que cortan la respiración, o hacer del "Olvi, que es de bromi", su estandarte. 
Siempre, por supuesto, fiel a sus amigos Mahou y Marlboro.

Me tomo un desayuno de campeones que me aporte la energía necesaria para calmar este estado de excitación.

Unos quehaceres domésticos, un poco de Cuatricomía en bucle y una ducha relajante, me cercioran de que el tiempo pasa y que el resto del equipo está llegando.

La noche iba a ser larga y había que estar preparada. Por eso, nada como un chute de comida rápida mientras miramos amenazantes tanto a esas nubes que cubren la ciudad, como a una confiada Siri que ya intuye lluvia.

Son algo más de las 6 de la tarde cuando por fin nos acomodamos en la cola. 
Y es que sin darnos cuenta, hemos pasado la tarde entre tiendas; chapa y pintura y books de fotos.


Hora y media más tarde, comienza la apertura de puertas y nuestros nervios se elevan a la máxima potencia al comprobar cómo nuestra fila es la más lenta.
¡¿Pero qué invento es éste?!

Registradas las mochilas, ¡estamos dentro!

Y corro. Corremos como si de nosotras dependiera la medalla olímpica. 
Como si desde la entrada al escenario hubiera los 100 metros lisos y de entre los de las colas contiguas fuera a salir Usain Bolt.
Pero todo vale con tal de coger un buen sitio. 

Ahí estamos, en una espléndida tercera fila. Entre "directioners" pre-adolescentes.
Quizás para mimetizarnos con el ambiente, nos dejamos garabatear los brazos por ellas. 
Al fin y al cabo, somos compañeras de la misma batalla.


Son las 10 de la noche: Suena "San Vitus Dance". Lo huelo. Mi corazón va a mil. 
En los últimos acordes comienza el estallido y uno a uno van entrando en escena. 
Y ahí está ÉL: con su gorra marinera, sus ojos pintados y una camiseta que dejar ver sus pelos del pecho.

¡ME MUERO DE AMOR!

Mario, soy tan "Vaquerizer" que te perdono tus tocamientos impuros, tu playback mal medido, que dudaras de dónde estabas tocando y hasta esos teloneros que se llevaron la máxima ovación cuando acabaron su (lamentable) performance. 


Una hora con Mario, y aún queda lo mejor.

Faltan 30 minutos para medianoche, y aparece ella: la OLVI

El guiño a Sara Montiel, sus cambios de vestuario, los tórridos torsos del cuerpo de baile, los grandes éxitos, el beso con Marito y el apoteósico final.

Demasié.

Mi ronquera te da las gracias.



1 comentario:

  1. eres una capa, con cada entrada me entran más ganas de leer más y más!! grandeeeeeee :D ♥

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